Bienvenidos a mi blog particular donde espero que os sintáis como en casa y donde están guardadas muchas cosas buenas y no sólo la esperanza como en la caja de Pandora.

Disfrutad y pasad un buen rato, espero que después de recorrer mi Caja Particular salgáis sabiendo algo más de mí. Y por supuesto, cualquier opinión es bienvenida.

Saludos, un beso y un fuerte abrazo. Elo.

domingo, 6 de julio de 2008

Ya nada es lo que parece


Las puertas con alarma antirrobo de la sección de perfumería se activan justo cuando una pareja de chicos y yo pasamos a través de ellas.
Se oye un ruido ensordecedor, las luces rojas se encienden y se apagan, el alboroto hace que todo el mundo se gire a mirarnos y un guardia de seguridad alto y corpulento se acerque rápidamente.
La pareja de adolescentes está parada y los miro con recelo mientras coloco de manera exagerada el bolso debajo de mi brazo.
Intento disimular los nervios retocándome el pelo recién cortado, alisando mi blusa de Carolina Herrera, acariciando las perlas de mi collar y vuelvo a mirar a los chicos, con cara de reproche y desaprobación.
Por supuesto, cuando llega hasta nosotros el guardia de seguridad nos mira a los tres, pero sólo les pide a ellos que les enseñen sus mochilas, mientras me dirige una sonrisa educada indicándome que ya puedo marcharme.
Salgo de la tienda y el aire frío de la calle hace que respire con más tranquilidad, a la vez que mis mejillas dejan de estar sonrojadas.
- Hola, Pilar. ¿Qué haces aquí parada?
Es mi vecina del cuarto, Carmen, una mujer de mediana edad, creo que debe tener un par de años más que yo, aunque pienso con una sonrisa irónica que parece que haya llegado ya a los 50, tanto por las arrugas que la surcan el rostro como por el mal gusto que tiene para vestir.
- Ya ves, Carmen. Salía de comprar unas cremas y unos jóvenes estaban robando en la tienda. ¡He pasado una vergüenza! Ha sonado la alarma justo cuando salía. Y mira que parecían unos jóvenes muy normales. En fin, ya nada es lo que parece.
- Vaya por Dios!! Si es que ya no se puede estar tranquilo en ningún sitio. Cada día hay más violencia. Siempre que salgo de casa voy nerviosa pensando en que me pueden atracar o algo peor.
- Y que lo digas!! Bueno, me voy que aún he de comprar algunas cosas más.
La dejo atrás y paseo avenida abajo mirando los escaparates. Llego a una óptica y entro para mirar la nueva colección de gafas de éste invierno.
Hay media docena de personas en la tienda y un par de dependientas, pero al ver mi aspecto de señora de 40 años vestida de alta costura, se acerca rápidamente una atractiva dependienta de unos 30 años, pensando ya en la venta segura.
Le pido que me enseñe las nuevas gafas de Versace, de Gucci y de otras marcas y me trae una docena. Pongo las mías también en el mostrador y ella las admira diciéndome lo bien que enmarcan mi rostro.
Se levanta para traerme algunas más y yo sigo probándome gafas. Me miro en el espejo con unas gafas verdes que me han llamado la atención.
Entonces noto cómo empieza a rondar de nuevo por mi mente aquél impulso. Estas son maravillosas, mejores que mis gafas actuales, además..... ahora mismo no mira nadie. Sólo sería un pequeño movimiento, nadie lo notaría, podría hacer como si buscara algo en el bolso, el móvil por ejemplo.
Creo que me estoy sonrojando, noto un nudo en el estómago. Pongo las gafas verdes junto a las mías, agarro mi bolso del suelo y lo pongo en mi regazo. Miro una vez más a mi alrededor..... no hay peligro.
Abro el bolso, cojo el móvil, acerco la mano al mostrador.... y mientras meto mi mano en el bolso sonrío a la dependiente que ya se acerca con mi reluciente dentadura.
Diez minutos más tarde salgo de la tienda y vuelvo a respirar. Cojo un taxi y llego a casa enseguida. Sin quitarme el abrigo subo las escaleras, entro en mi habitación cerrando la puerta detrás de mí.
Me siento en el borde de la cama y abro el bolso: dentro de mí hay una explosión de sentimientos, mi corazón palpita, me siento viva de nuevo mientras noto a la vez alegría, triunfo, remordimiento y codicia.
Ahí está todo: unos pendientes de alta bisutería, el nuevo perfume de Chanel con mis nuevas gafas verdes.
Vuelvo a pensar en Carmen y sonrío: es cierto, ya nada es lo que parece.

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